Mi resina particular

Cada pedazo que cae, como las hojas de los árboles en otoño, son para brotar con más fuerza.

Mi alma rompiéndose a trozos y, casi de forma inmediata, germinan las semillas.

Ni más ni menos fuertes. Somos la energía que emerge de la tierra.

Es nuestro coraje donando las lágrimas a los mares.

Y el dolor, es como la resina del árbol, que me protege y me enseña.

Así crecen mis ramas, los frutos y las flores. Entre relámpagos y rayos de sol. Entre mis inviernos y tus primaveras.

En medio de tus caricias y las mías. Con la banda sonora de un llanto viejo que anuncia despedidas y nacimientos. Todos llorando al mismo tiempo, por lo que llega y lo que se va.

Ni más ni menos fuertes. Somos la energía que emerge de la tierra.

Sí, con arrojo acunamos nuestros miedos y una suave nana de fondo los abriga.

Resurgimos.

Y yo abrazo esas gotas de rocío que se posan en mi cuerpo magullado.

No hay tempestades ni desavenencias que no dejen cicatrices. 

Ni esparadrapos yermos que no traigan aprendizajes.

Mi resina particular siempre impregnada de sabiduría y protección.

Ni más ni menos fuertes. Somos la energía que emerge de la tierra.

Ilustración de Asel Almasova

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